Tuesday, July 16, 2013

Two poems by Vicente Gerbasi (Venezuela, 1913-1992), my translation / Dos poemas de VG


The Wanderer

I know not the cinnamon forests,
but there I see the afternoon sun
tremble like music,
like a space in the heart for which time has reserved
its bees.

Only bamboos have a blue silence,
shining in the boundary of the day.

Whence do I come, dressed in solitude, to recognize the earth?

I heard the roosters in each of the hours of the dead,
I found the homes after the night rain,
scattered among red round trees. 

Do I hide the world in my senses?

I've seen a leopard asleep among the reeds at the high noon of 
                                                                                       [the year
when sadness begins to illuminate.

I saw a child's funeral coming down the mountain
when the hares fled among solar herbs.

I saw a mother cover her face with her hair forever.

Whither will I guide my steps that left damp,
shining barns behind,
fires with guitars in peasant feasts?

Time has not stopped me yet.
There is a tempest reserved for my bones,
a firebolt in the cane fields of the night.

 Night Sense
 
Dark silences where beetles shine,
the warm pupil like a grudge where a pine burns,
the fear of the squirrel in the middle of the eyes,
a lightning in the fluvial bottom of memory,
behold an instant to become a bit of night,
a pool of stellar wakefulness.
Darknesses in the water give me unfinished spaces,
pulsating jewels, chandeliers of nuptial abodes.
Fabrics float in the wind of the shadow,
and everywhere sound the fountains of aboriginal mouths,
the waters toward the bottom where light is drained,
where an echo restarts, coming from us.
Night progresses like a bottomless palace.

From Los espacios cálidos, Mar Caribe, 1952, Pre-textos, 2005. You can find translations of Gerbasi's poems here.


El caminante
 
Desconozco los bosques de canela / pero en ellos veo el sol 
de la tarde / temblar como una música, / como un espacio 
del corazón para el que el tiempo ha reservado / sus abejas. // 
Solo los bambúes tienen un silencio azul / para brillar en 
el confín del día. // ¿De donde vengo vestido de soledad para 
reconocer la tierra? // Oí los gallos en cada una de las horas 
de los muertos. / encontré las viviendas después de la lluvia 
de la noche / dispersas entre redondos árboles rojos. // 
¿Escondo  acaso el mundo en mis sentidos? // He visto un 
leopardo dormido entre juncos en el mediodía del año / 
cuando comienza a iluminarse la tristeza. // Vi el entierro de 
un niño bajar de la  montaña / cuando liebres huían entre
 hierbas solares. //  Vi una madre cubrirse el rostro con sus 
cabellos para siempre. // ¿Hacia dónde he de guiar mis pasos 
que dejaron atrás graneros  húmedos / y brillantes, / lumbres 
con guitarras en las fiestas labriegas? //
El tiempo aún no me detiene. / Hay una tempestad reservada a
mis huesos, / un relámpago en los cañaverales nocturnos


Sentido de la noche

Los silencios oscuros donde brillan los escarabajos, /
la pupila cálida como un rencor donde se incendia un 
pino, / el miedo de la ardilla en mdio de los ojos, / un 
relámpago en el fondo fluvial de la memoria, / he aquí
un instante para convertirme en un poco de noche, / en 
un estanque de insomnio estelar. / Las oscuridades en el 
agua me dan espacios inconclusos, / joyas palpitantes, 
lampadarios de moradas nupciales. / Flotan telas en el 
viento de la sombra, / y alrededor suenan fuentes
de bocas aborígenes, / aguas hacia el fondo donde la luz 
se agota, / donde un eco recomienza viniendo de nosotros. /
La noche avanza como un palacio sin fondo.
  
De Los espacios cálidos, Mar Caribe, 1952, Pre-textos, 2005. Esta página está dedicada al poeta venezolano.




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